La mayoría de las decisiones que tomamos cada día son actos mas o menos inconscientes, porque ¿cómo podrías hacer tiempo para tomar mas de 30.000 decisiones diario? ¿Pero que pasa con este puñado de decisiones conscientes que te complican la vida?

Pues en eso nos fijamos ahora: Tomar una decisión consciente es un proceso complejo, se mezcla esperanza con experiencias malas, dudas y otros miedos con opiniones de otros y todo eso culmina en un ovillo de lana con el cual, al parecer, jugó el gato toda la tarde. Solamente que ahora el ovillo de lana es tu cerebro

¿Qué hacer?

Primero: Respira. Nunca deberías tomar decisiones precipitadas, porque probablemente  este apuro te va a nublar la mente

Segundo: Tomate un momento sin distracciones y pregunta a tu intuición. ¿Qué dice tu “estomago”?

Tercero: Imagina que tu decisión ya entró en acción, mostrando las posibles consecuencias (positivas y negativas)

¿Cómo te sientes ante la decisión ahora?

Estos son mis tres pasos que me ayudan mucho. También puedes hacer una lista de los “Pros” y “Contras” y tomar una decisión mas racional con la ayuda de ella. O preguntas a una persona de confianza, que opina.

Pero, al final TU vas a vivir con TUS decisiones, así que considerar solamente la parte racional sin la parte emocional (o al revés) me parece incompleto. Porque somos seres humanos, racionales y emocionales, no se puede separar ni se debería. Como tu tampoco te puedes separar de tus decisiones, son responsabilidad tuya. Por eso, toma tus decisiones conscientemente, con el tiempo y la atención que merecen. Con este procedimiento te puedes liberar de mucho estrés y convertir tu ovillo de lana en tu jersey favorito y duradero.

 

¿Y tu, como tomas tus decisiones?
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